sábado, 27 de diciembre de 2025

JUAN MANUEL DE ROSAS, LOS INDIOS Y LA VACUNA ANTIVARIÓLICA (POR JORGE OSCAR SULÉ)

 






PROEMIO

El trabajo que presentamos uno aborda de los aspectos puntuales de la política de integración con el mundo indígena desarrollado por Rosas durante sus gobiernos. Se sabe que entre el siglo XVI y el XIX, los estallidos epidémicos en las poblaciones indígenas fueron catorce y se calculan en más de dos millones y medio de indígenas el número de víctimas mortales que se cobró la viruela en lo que fuera el Virreinato del Río de la Plata. La viruela mató a más indios que todas las guerras libradas contra él. De allí que cobre importancia meritoria quien o quienes hayan intentado hacer algo por impedir la propagación del flagelo mortífero en estas comunidades.
Fue el presbítero Saturnino Segurola quien se dedicó con patriótico a desarrollar a la conservación y propagación del antídoto en Buenos Aires, a partir de 1805. Pero es en la época de Rosas que por iniciativa del entonces comandante de milicias y luego gobernador de la provincia de Buenos Aires se introdujo en algunas comunidades indígenas. Los lugares que fueron utilizados como las metodologías que empleó Rosas para inducirlos a la inoculación del antídoto, entre otros, son temas de esta pequeña monografía –desconocidos o silenciados en la historiografía argentina y en las ciencias médicas del país- que ponemos a consideración de las autoridades de este Congreso de Historia organizado en esta ciudad de San Miguel del Monte por su Intendencia, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.

EN LOS MEDIOS URBANOS Y SEMIRURALES

Si las epidemias de viruela hacían estragos entre los "blancos" que de algunas maneras poseían defensas orgánicas ya sean heredadas biológicamente (los descendientes de europeos eran portadores naturales de esas defensas porque sus ascendientes sufrieron en carne propia ese flagelo y otros durante los siglos XIV y XV en Europa) o por mejor alimentación, en el medio aborigen estas epidemias eran arrasadoramente mortales ya que no hubo ningún tipo de inmunización anterior y la dieta era de subsistencia (entre los "blancos" la mortandad llegaba a un 20 % y entre los indios un 80 %). La vacuna antivariólica descubierta por el Dr. Eduardo Jenner en Inglaterra llegó al país en 1805, poco meses después de su descubrimiento, e inmediatamente comenzó a aplicarse. Fue el sacerdote Saturnino Segurola quien con esfuerzo patriótico y humanitario conservó el específico, aprendió a inocularlo y se dedicó a su propagación con abnegado altruismo.
Esto no significa desconocer los méritos de los doctores Miguel O´Gorman y Cosme Argerich que se preocuparon también por la difusión de este específico. Incluso el virrey Sobremonte creó el primer conservatorio de la vacuna humana poniendo el mismo a cargo del destacado presbítero (GRAU, Carlos A., "Datos nuevos sobre la vieja viruela" en "La Nación", 9 de enero de 1944).
Hacia 1829 cuando Rosas llegó al poder, existían tres centros de vacunación en Buenos Aires, la Casa Central, la Casa Auxiliar del Norte y la Casa Auxiliar del Sur, dirigidas por el licenciado médico Justo García Valdés que desempeño con celo sus funciones hasta su fallecimiento en el año 1844, siendo reemplazado por el Dr. Saturnino Pineda (VISICONTE, Mario, "La cultura en la época de Rosas. Aspectos de la medicina", Sellarés, Buenos Aires, 1978). Durante su gobierno se incrementó el suministro de la vacuna, llegando el servicio a los pueblos de la campaña bonaerense en la que los médicos de la policía también se ocuparon de aplicarla.
El 13 de mayo de 1830 el gobierno otorgó un sobresueldo al médico de la Policía de Campaña de la sección de Luján Dr. Francisco Javier Muñiz y una asignación para cada uno de sus ayudantes (Archivo General de la Nación, en adelante AGN, SX44.6.18). Este médico diez años después en su distrito de Luján, descubriría en los pezones de una vaca el cow-pox antivariólico, marcando un hito en la ciencia médica y ganando para ello desde entonces un prestigio y un reconocimiento a nivel mundial que sólo una obstinación historiográfica partidista intentó facciosamente de silenciar por tratarse de un descubrimiento científico efectuado en la época de Rosas.
El Dr. Muñiz debe ser también considerado un sabio en materia paleontológica como fue considerado en su época, habiendo hecho investigaciones trascendentes en fósiles exhumados de las márgenes del río Luján y en sus inmediaciones, consistentes en osamentas de megaterios, gliptodontes y mastodontes que cuidadosamente clasificados y descriptos depositó en once cajones que los mandó en calidad de obsequio al propio Juan Manuel de Rosas el 21 de junio de 1841. (VENTURINI, Aurora, "Once cajones de huesos para el Restaurador" en "Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas nº 38 enero/marzo de 1995"). La asistencia sanitaria de la vacuna antivariólica llegó también al pueblo de San Nicolás de los Arroyos, designándose para complementarla al Dr. Pedro Serrano hacia 1830 (AGN SX44.6.18). En Chascomús el administrador de la vacuna fue el Dr. Pablo Villanueva y en el Fuerte Federación (hoy ciudad de Junín) el Dr. Cuenca que con fecha 3 de mayo de 1837 le informó al gobernador Rosas lo siguiente: "...el médico del Fuerte Federación tiene el mayor gozo al anunciar a VE que tanto la tropa como el vecindario de este Fuerte ha cesado la enfermedad epidémica que reinaba (la viruela) y que son muy pocas veces molestados por algunas enfermedades esporádicas muy benignas..." ("La Gaceta Mercantil", 7 de marzo de 1837). El licenciado médico García Valdéz administrador general de la vacuna en un informe del año 1836 invitaba a los pueblos de campaña a vacunarse expresando: "...se hace indispensable el citar el celo de los jueces de paz y los curas párrocos a fin de exhortar al vecindario para que se apreste a recibir el gran beneficio de la vacuna que con tanto empeño promueve nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes el Sor. Gobernador..." ("La Gaceta Mercantil", 6 de marzo de 1837). Otros médicos en distintos fuertes y cantones cumplieron esta casi heroica tarea sanitaria como los destacamos desde 1832 en las poblaciones rurales de Quilmes, San José de Flores, Morón, Las Conchas, San Fernando y San Isidro (AGN SX6.2.2.). También hubo envíos a las provincias y nos remitimos al informe del licenciado médico García Valdéz del año 1838 (AGN SX17.2.1.).


EL SUMINISTRO ENTRE LOS INDIGENAS Y RECONOCIMIENTO DE LA SOCIEDAD JENNERIANA

No sabemos con precisión a partir de qué fecha se inició la inoculación de la vacuna entre los distintos grupos indígenas. Si sabemos por el diario "El Lucero" del 4 de enero de 1832 que Rosas recibió una distinción de la Sociedad Real Jenneriana de Londres, institución oficial que tuvo entre sus objetivos, la divulgación y propagación de la vacuna antivariólica, el cultivar la memoria del sabio médico Eduardo Jenner que detectó por primera vez el antídoto, como así también al distinguir quiénes la promovían. Como lo consignamos en un capítulo anterior dicha institución científica puso en conocimiento del gobierno de la Confederación Argentina que su gobernador don Juan Manuel de Rosas había sido designado "miembro honorario" de esa sociedad: "...en obsequio de los grandes servicios que ha rendido a la causa de la humanidad, introduciendo en el mejor éxito de la vacuna entre los indígenas del país...". Si la información de esta distinción llegó al Río de la Plata en enero de 1832 es dable suponer que hacia 1831 o antes de la introducción de la vacuna en los medios indígenas ya era una práctica generalizada y un hecho conocido.
Saldías refiriéndose en una época inmediatamente después del parlamento que Rosas tuvo por el Tandil (circa de 1825 o comienzos de 1826) afirma: "...en esas circunstancias se había desarrollado la viruela en algunas tribus. Como resistieron la vacuna, Rosas citó ex profeso a los caciques con sus tribus y se hizo vacunar él mismo. Bastó esto para que los indios en tropel estirasen el brazo, de manera en que en menos de un mes recibió casi todos el virus” (SALDIAS, Adolfo, “Historia de la Confederación Argentina”, vol. I, Edit. Juan Carlos Granda, Buenos Aires, 1967).
Es conocida también la información que suministra el embajador inglés en Buenos Aires Sir Woodbine Parish y que vuelca en el libro citado cuando relata que en uno de los tantos parlamentos efectuados por Rosas en la Chacarita de los Colegiales hacia 1831 suministró la vacuna a muchos indígenas que integraban la comitiva de caciques pampas y vorogas.
Manuel Gálvez en su obra conocida sitúa un número estimado de 150 vacunados. "La Chacarita de los Colegiales" para mayor información, fue llamada así por que fue la chacra del Colegio de San Carlos, lugar frecuentado en vacaciones por los alumnos de dichos establecimientos en sus proximidades a sus instalaciones donde eran recibidas las comitivas indígenas que venían a Buenos Aires a parlamentar y vender sus productos alojándose en ese lugar a veces durante mucho tiempo. Algunos indios terminaron por aquerenciarse, y también dicho lugar fue utilizado para detenerlos transitoriamente por razones de seguridad, no solamente en condiciones de rehenes con frecuencia para evitar confrontaciones o peleas que se suscitaban entre los mismos indios de distintas etnias rivales cuando venían a comercializar sus productos. Nunca fue lugar de calabozos de indios como algún historiador afirmara equivocadamente.
En su segundo gobierno y en circunstancias de otro parlamento también en la Chacarita de los Colegiales, Rosas invitó al vacunamiento de la comitiva indígena aceptando la mayoría hacerlo. Mario Visiconte, gran estudioso del tema contabiliza 49 vacunados en esa oportunidad ("Segundo Congreso Nacional de Historia de la Medicina Argentina", Córdoba, del 21 al 24 de octubre de 1970, Separata de la "Semana Médica 77º Aniversario" y "La Gaceta Mercantil" del 6 de marzo de 1837).
Este capítulo de la vida de don Juan Manuel de Rosas que lo enaltece también ha sido virtualmente ignorado y si se lo conoce ha sido silenciado por la direccionalidad partidista de la historiografía "oficial". De la preocupación de Rosas sobre el tema nos tiene al tanto una documentación ilustrativa significativa y cuantitativa.
En una nota del Dr. Saturnino Pineda del 17 de octubre de 1836 dirigida a Rosas le expresa: "...el día 3 de septiembre a las tres y media recibido de orden verbal de VE de asistencia médica (a una comitiva indígena afectada por la viruela) que me fue transmitida por el Sr. edecán coronel don Manuel Corvalán y no obstante de encontrarme enfermo con el mayor contento y sin pérdida de tiempo procedí a su cumplimiento...". Cuenta en larga explicación, "...el violento foco de contagio que significa la aglomeración de más de setenta individuos en un mismo lugar algunos con la misma viruela y declarada por lo que el día 9 del mes de que se hace referencia fueron vacunados de brazo a brazo 52 indios entre adultos y niños de ambos sexos para cuyo efecto se condujeron desde la Chacarita a la casa donde se encontraron alojados cuatro niños con vacuna de la más excelente. Los 16 fueron reconocidos y en todos los se encontraron granos (reacción positiva) tan hermoso que juzgando por sus caracteres no pude menos que tranquilizarme..." (Ibídem. VISICONTE y "La Gaceta Mercantil", del 19 de octubre de 1836). Rosas destacó dicho informe del Dr. Pineda en el mensaje dirigido a la Legislatura el 1º de enero de 1837. No fue tarea tan fácil la aceptación de la aplicación de la vacuna entre los indios como se pudiera desprender de la información suministrada por Saldías.
Incluso la población hispana criolla era renuente a dicha aplicación por prejuicios o simple desidia. Saturnino Segurola a la sazón Inspector General de Escuelas, el 22 de octubre de 1822 solicitó a la autoridad correspondiente el envío de un facultativo para una escuela de Quilmes aplicando el art. 31 del Reglamento General de Escuelas que por otra parte lo había confeccionado él, dicho artículo referido rezaba: "Los Preceptores no recibirn en la escuela niños que no estén vacunados apelarían a los padres que no quisiesen verificarlos, tomando las medidas que le dictan la jurisprudencia, para cerciorarse de la verdad de esta operación" (Ibídem, VISICONTE).
Si existía prevención o renuencia en la población ante la pequeña incisión o tajo que un médico debía efectuar sobre el brazo de la persona para inocular la vacuna, es de imaginar la resistencia que deberá existir en el medio supersticioso del indio que consideraba la vacuna y la viruela gualichos procedente del huinca. Cuando una epidemia de viruela se abatía sobre una toldería, era práctica de los indios para librarse de ese gualicho matar a las indias más viejas.
En más de una oportunidad el mismo Rosas ante la inminencia de una matanza de pobres indias por esta cruel tradición, dio instrucciones a los comandantes del lugar para que con habilidad y sin violencia sustrajeran a esas indias con las promesas que el mismo Rosas arrojaría el gualicho de las viejas manteniéndolas en el poblado.


ALGUNOS METODOS QUE ROSAS UTILIZO PARA LA VACUNACION

El prestigio y la confianza que se le tenía permitido vacunar a los aborígenes. Para ello apeló a varios procedimientos: su propio ejemplo, haciéndose vacunar entre ellos; en presencia de varios caciques importantes se vio la herida en la protuberancia, consiguientemente desnudándose el brazo y exhibiéndolo ante ellos. Después de comprobar que el mismo Rosas se sometía a la vacuna recién entonces consentían.
Otro procedimiento consistió en la explicación persuasiva como lo demuestra esta carta que Rosas le escribió a Catriel: "...Ustedes son los que deben ver lo mejor les conveniente. Entre nosotros los cristianos este remedio es muy bueno porque nos priva de la enfermedad terrible de la viruela, pero es necesario para administrar la vacuna que el médico la aplique con mucho cuidado y que la vacuna sea buena, que el médico la reconozca porque hay casos en que el grano que le salió es falso y en tal caso el médico debe hablar la verdad para que el vacunado sepa que no le ha prendido bien, el grano que le ha salido es falso, para que con este aviso sepa que para el año que viene debe volver a vacunarse porque en esto nada se pierde y puede aventajarse mucho a los vacunados" (CHAVEZ, Fermín, La vuelta de Juan Manuel", Edic. Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1991 o Edit. Theoría, Buenos Aires, 1991).
Obsérvese la sagacidad de Rosas, comienza expresando para que los cristianos es un buen remedio pero deben ser ellos los indios los que deben resolver, señala la importancia del médico porque es el que sabe como se administra la vacuna y entiende su evolución. Además es de inferir que un Médico que puede entrar a una toldería para vacunar no solamente hará ese trabajo sino que intentará curar otras enfermedades, gripes, infecciones varias y otras dolencias que pueden ser controladas. Lo cierto es que Rosas facilitó la llegada de un médico a la toldería que de otra manera hubiera resultado imposible no sólo por la negativa de los jefes sino por las resistencias que hubieran presentado las machi y los adivinos de la tribu.
Hacia 1878 ya murió Rosas en Southampton donde vivió su exilio en la extrema pobreza, durante la segunda campaña al sur efectuada por los oficiales de Roca, un oficial del coronel Villegas, llamado Solís en una de las incursiones llevadas en las proximidades de Malal (La Pampa) sorprenderá entre unas cortaderas nada menos que al famoso cacique Pincén (Pin-then, dueño del decir, hablar bien) ya un pequeño hijo que llevaba para protegerlo. Según relato del historiador Juan José Estévez en su importante biografía del cacique, el perrito que Pincén llevaba salió a torear al perro que de la partida, los ladridos de los canes alertaban a los soldados que creyeron estar en un escondrijo de punas; preparaban sus armas de fuego y el cacique al sentir "los aprestos para el disparo de armas de fuego, temiendo que su hijo sufriera daños se puso de pie y gritó ¡no tiren!" (ESTEVEZ, Juan José, "Pincén. Vida y leyenda", Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1991).
Pincén fue llevado a la presencia de Villegas que le tenía un gran respeto y garantizó su vida y fue enviado a Buenos Aires alojado en el cuartel del batallón 6 de Infantería de Línea en donde lo visitaban personajes importantes como Roca, Estanislao Zeballos y otras personalidades para escuchar de labios del cacique sus hazañas en el desierto que al parecer salía relatar muy bien haciendo honor a su nombre. En uno de sus cuentos Pincén recordó que en su juventud llegó a conocer al gran cacique general argentino don Juan Manuel de Rosas, expresando: "...Juan Manuel ser muy bueno pero muy loco; me regalaba potrancas, pero un gringo nos debía tajear el brazo, según él era un gualicho grande contra la viruela y algo de cierto debía de ser porque no hubo más viruela por entonces..." (ROSA, José María, op. cit. T. VIII). De ese recuerdo de Pincén parece desprenderse otra metodología para inducir a la vacunación un pequeño chantaje: iban los suministros pero después iba la vacuna.

EL DESCUBRIMIENTO DEL COW-POX EN UNA ESTANCIA

Ya asentamos un hecho que jerarquizó la medicina argentina como lo fue el descubrimiento de la vacuna por el Dr. Francisco Javier Muñiz en el distrito de Luján efectuado en la estancia de don Juan Gualberto Muñoz en la que de los pezones de una vaca extrajo la pústula de donde sacó la sustancia para la vacuna antivariólica. El descubrimiento fue protocolizado ante escribano público el 25 de septiembre de 1841 y tuvo gran repercusión en Londres ya que fue comentado auspiciosamente por el Instituto Jenneriano y por el periodismo inglés. Hasta esa época se creía en Inglaterra que el antídoto sólo era producido por las vacas de Gloucester, por las condiciones de humedad y otras variables climáticas que solamente se afirmaba, se daban en dicha localidad inglesa.
La distinción que había recibido Rosas de la Sociedad Jenneriana fue hecha extensiva al Lic. Médico Justo García Valdés, a los Dres. Saturnino Pineda, Francisco Javier Muñiz, Blas Azpiazu y los estudiantes de medicina próximos a recibirse Claudio Mamerto Cuenca y Francisco Rodríguez Amoedo, profesionales que se destacaron en el suministro de la vacuna antivariólica durante las épocas de Rosas y gracias a la atención que el gobernante dedica a esta delicada problemática. En una carta dirigida al Lic. El Médico García Váldez el 15 de julio de 1832 puede comprobarse su reiterado interés por la propagación de la vacuna entre los indios: "...Sirváse Ud. hacer entender a la Sociedad Real Jenneriana entre lo más satisfactorios triunfos dignos de su memoria deben enumerarse la propagación del virus de la vacuna entre los indígenas reducidos y sometidos al gobierno y aseguraba que tomando yo en sus honrosos trabajos la parte que puede caberme en mi actual posición, no perdonaré medio para que la institución de la vacuna sea conservada en este país con todos creces que depende ya de mi autoridad ya de mi decisión personal..." (FERNANDEZ, Humberto "Francisco Javier Muñiz, Rosas y la prevención de la viruela" en "Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas nº 42 enero/marzo 1996. presentación al Congreso Nacional de Historia celebrado en Buenos Aires entre el 23 y el 25 de noviembre de 1995 y publicado en los Anales de dicho Congreso, T. Yo, pág. 383).

LAS EPIDEMIAS Y LOS RECLAMOS IDEOLOGICOS

Entre los siglos XVII y XIX se produjeron y están documentadas todas las epidemias o pestes de viruela que hicieron estragos entre la población indígena. Dicha documentación señala los siguientes años fatales: 1615, 1620, 1638, 1642, 1660, 1728, 178, 1788, 1792, 1805, 1819, 1871, 1875 y 1881 (GRAU, Ibidem). Como se observa los períodos de frecuencia o reiteración de la peste son muy seguidos y por lo tanto muy breves los períodos libres de ella.
Entre 1615 y 1620 sólo hay 5 años de bonanza, entre 1620 y 1638 hay 18 años, entre 1638 y 1642 solo 4 años sin peste, etc. Sólo hay dos períodos que la epidemia mortal permite un respiro, entre 1728 y 1778 y entre 1819 y 1871, luego se reinicia el azote con una frecuencia aterradoramente breve. Esta información conduce por lo menos a dos conclusiones inequívocas:
1º) Entre 1615 y 1881 período que cubre 266 años, según el cálculo de historiadores y antropólogos, la viruela se cobró en sus catorce estallidos epidémicos más de dos millones de indígenas en lo que fue la gobernación, luego el Virreynato del Río de la Plata (actuales Argentina, Paraguay, Uruguay, sur de Brasil, Bolivia y Chile). Estimación que creemos exagerada pero que de todas maneras nos demuestra que la viruela mató a muchos más indios que todas las guerras llevadas contra él.
2º) El período de mayor sosiego es el que se encuentra entre los años de 1819 y 1871, que alcanza a 52 años. No es ninguna casualidad que en este período transcurren los años de los dos gobiernos de Rosas en los que se suministró la vacuna entre los indios cuyos efectos sanitarios se prolongaron algunos años después de 1852. Después de Caseros, se retacearon o se olvidaron los abastecimientos a los indios y se abandonó toda política de integración, ¿...y la vacuna antivariólica...?, los "progresistas" triunfantes también se olvidaron de suministrarla.
La peste apareció con toda su virulencia en 1871, reiterándose en 1875 y en 1881...¡La generación del Ochenta funcionando a pleno...! Queremos hacer una última reflexión vinculada a este tema y dirigida a aquellos que en conocimiento de estos datos que expresan una catástrofe demográfica se valen de ella para denigrar a la Conquista española responsabilizando a España por traer pestes como la viruela.
La carga es infantil. Con ese criterio deberíamos estigmatizar al Africa o sus habitantes de color de donde procede el SIDA o atribuir a los homosexuales la intención de exterminar a la humanidad por ser los transmisores del SIDA. Algunos indigenistas anacrónicos no advierten que si los españoles trajeron enfermedades, hubieron dolencias que a su vez los indios transmitieron a los españoles y por ellos a Europa misma que las desconocía. La frambesia o "bubas" o sífilis americana, el mal de Chagas, la parotiditis y otras fueron pestes americanas transmitidas a los españoles.
En el contacto de razas, en el intercambio de sangre, se produce inevitablemente un intercambio recíproco de enfermedades. Por otra parte, recordamos que las epidemias no comienzan en América a partir de su descubrimiento "códices mayas y mixtecas testifican la existencia de flagelos antes de la llegada de Colón, esas endemias, todo hace presuponer, develan el misterio de centros grandes poblacionales deshabitados o extinguidos entre los mayas antes del arribo español. En los idiomas indígenas caso de aztecas o incas tenían vocablos que designaban enfermedades epidémicas" (PETROCELLI, Héctor B., "Lo que a veces no se dice de la Conquista de América", Ediciones Didascalia, Rosario, 1992).
No está demás recordar que dos siglos antes de la Conquista de América, Europa también sufrió un derrumbe demográfico no menor al americano. La peste negra que asoló a Europa en el siglo XIV registró una mortalidad que alcanzó un tercio de su población total.
De allí que el europeo del siglo XVI estaba medio inmunizado ante la viruela, en su composición genética la tenía registrada. Mientras que el indio no. El hecho histórico como "carga" a la Conquista de América, minúscula como otros que se hacen a la España católica de entonces, tiene más de escarceo ideológico que de reflexión histórica sustentable.
La problemática reside en la pregunta ¿qué se hizo ante esas enfermedades? España introdujo metodología médica, el hospital, todo tipo de medicamentos desconocidos en América para enfrentar las enfermedades nuevas o viejas. Rosas introdujo la vacuna antivariólica entre los indios de las pampas. Por el contrario, los conquistadores del norte americano regalaban a los indios frazadas infectadas del virus de la viruela. Allá se decía y era popular el dicho: "el mejor indio es el indio muerto" (el mejor indio es el indio muerto...). ¡Distintas metodologías de dominación! No obstante, muchos indigenistas actuales estudian antropología en universidades de Norte América en donde ocultan su propia política de exterminio.
Actualmente conocemos algunos descendientes de caciques mapuches que concurren a congresos indigenistas financiados por fundaciones norteamericanas y la central socialista europea, que mantienen una hostilidad anacrónica verdaderamente cómica contra la España católica del siglo XVI y su proyección en América. ¡Cosas verdes Sancho que farán hablar las piedras...!

viernes, 26 de diciembre de 2025

HOMENAJES AL CORONEL MANUEL DORREGO

 



















El pasado 13 de diciembre se realizaron homenajes a la memoria del coronel Manuel Dorrego en el 197 aniversario de su paso a la inmortalidad. Frente al mausoleo que guardan sus restos en el Cementerio de la Recoleta se efectuó un homenaje con la concurrencia del doctor Alberto Gelly Cantilo y la profesora Cristina Vega en representación de este Instituto. Previamente se hizo una misa en la Basílica del Pilar. Posteriormente se homenajeó al prócer al pie de su monumento siendo declarado de Interés Cultural por la Junta Comunal n° 1, de acuerdo a la ley 1777 art. 26 inc. o. Pronunciaron discursos el doctor Gelly Cantilo, el señor Luis Launay, la doctora Sara Díaz y el doctor Hugo Chumbita.

jueves, 25 de diciembre de 2025

LA NAVIDAD POR CHESTERTON

 


"La Navidad está construida sobre una paradoja hermosa e intencional: que el nacimiento del que no tuvo casa para nacer sea celebrado en todas las casas" (G. K. Chesterton).

martes, 23 de diciembre de 2025

PACTO FEDERAL DEL 4 DE ENERO DE 1831

 


Celebrado, en 1831, entre los representantes de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, en virtud del cual se constituye la Liga Litoral

"Deseando los Gobiernos de Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos estrechar cada vez más los vínculos que felizmente los unen y, creyendo que así reclaman sus intereses particulares y los de la República han nombrado para este fin sus respectivos diputados, a saber: el Gobierno de Santa Fe, el señor D. Domingo Cullen; el de Buenos Aires, al Sr. D. José María Roxas y Patrón, y el de Entre Ríos, al Sr. D. Antonio Crespo. Quienes después de haber canjeado sus respectivos poderes, que se hallaron extendidos en buena y debida forma; y teniendo presente el tratado preliminar celebrado en la ciudad de Santa fe el 23 de febrero último entre los Gobiernos de dicha provincia y la de Corrientes; teniendo también presente la invitación que con fecha 24 del expresado mes de febrero hizo el Gobierno de Santa Fe al de Buenos Aires, y la convención preliminar ajustada en Buenos Aires el 23 de marzo del año anterior entre los Gobiernos de esta provincia y la de Corrientes, así como el tratado celebrado el 3 de mayo último en la capital de Entre Ríos entre su Gobierno, y el de Corrientes; y finalmente, considerando que la mayor parte de los pueblos de la República, ha proclamado del modo más libre y espontáneo la forma de gobierno federal, han convenido en los artículos siguientes:

1° Los Gobiernos de Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos ratifican y declaran en su vigor y fuerza los tratados anteriores celebrados entre los mismos Gobiernos en la parte que estipulan la paz firme, amistad y unión estrecha y permanente, reconociendo recíprocamente su libertad, independencia y derechos.

2° Las provincias de Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos se obligan a resistir cualquier invasión extranjera que se haga, bien sea en el territorio de cada una de las tres provincias contratantes o de cualquiera de las otras que componen el Estado argentino.

3° Las provincias de Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos se ligan y constituyen en alianza ofensiva y defensiva contra toda agresión o preparación de parte de cualquiera de las demás provincias de la República (lo que Dios no permita), que amenace la integridad e independencia de sus respectivos territorios.

4° Se comprometen a no oír ni hacer proposiciones ni celebrar tratado alguno particular una provincia por si sola con otra de las litorales ni con ningún otro Gobierno sin previo avenimiento expreso de las demás provincias que forman la presente federación.

5° Se obligan a no rehusar su consentimiento expreso para cualquier tratado que alguna de las tres provincias litorales quiera celebrar con otra de ellas o de las demás que pertenecen a la República, siempre que tal tratado no perjudique a otra de las mismas tres provincias o a los intereses generales de ellas o de toda la República.

6° Se obligan también a no permitir que persona alguna de su territorio ofenda a cualquiera de las otras dos provincias o a sus respectivos Gobiernos y a guardar la mejor armonía posible con todos los Gobiernos amigos.

7° Prometen no dar asilo a ningún criminal que se acoja a una de ellas huyendo de las otras dos por delito, cualquiera que sea, y ponerlo a disposición del Gobierno respectivo que lo reclame como tal. Entendiéndose que el presente artículo sólo regirá con respecto a los que se hagan criminales después de la ratificación y publicación de este tratado.

8° Los habitantes de las tres provincias litorales gozarán recíprocamente la franqueza y seguridad de entrar y transitar con su buque y cargas en todos los puertos, ríos y territorios de cada una, ejerciendo en ellas su industria con la misma libertad, justicia y protección que los naturales de la provincia en que residan, bien sea permanente o accidentalmente.

9° Los frutos y efectos de cualquier especie que se importen o exporten del territorio o puertos de una provincia a otra por agua o por tierra, no pagarán más derechos que si fuesen importados por los naturales de la provincia, adonde o de donde se exportan o importan.

10. No se concederá en una provincia derecho, gracia, privilegio u exención a las personas y propiedades de los naturales de ella que no conceda a los de las otras dos.

11. Teniendo presente que alguna de las provincias contratantes ha determinado por ley que nadie pueda ejercer en ella la primera magistratura sino sus hijos respectivamente, se exceptúa dicho caso y otros de igual naturaleza que fueren establecidos por leyes especiales. Entendiéndose que en caso de hacerse por una provincia alguna excepción ha de extenderse a los naturales y propiedades de las otras dos aliadas.

12. Cualquier provincia de la República que quiera entrar en la Liga que forman las litorales será admitida con arreglo a lo que establece la segunda base del artículo primero de la citada convención preliminar celebrada en Santa fe a veintitrés de febrero del precedente año, ejecutándose este acto con el expreso y unánime consentimiento de cada una de las demás provincias federadas.

13. Si llegare el caso de ser atacada la libertad e independencia de alguna de las tres provincias litorales por alguna otra de las que no entran al presente en la federación, o por otro cualquier poder extraño, la auxiliarán las otras dos provincias litorales, con cuantos recursos y elementos estén en la esfera de su poder, según la clase de la invasión, procurando que las tropas que envíen las provincias auxiliares sean bien vestidas, armadas y municionadas, y que marchen con sus respectivos jefes y oficiales. Se acordará por separado la suma de dinero con que para este caso deba contribuir cada provincia.

14. Las fuerzas terrestres o marítimas, que según el artículo anterior se envíen en auxilio de la provincia invadida, deberán obrar con sujeción al Gobierno de ésta, mientras pisen su territorio y naveguen sus ríos en clase de auxiliares.

15. Ínterin dure el presente estado de cosas, y mientras no se establezca la paz pública de todas las provincias de la República, residirá en la capital de Santa fe una comisión compuesta de un diputado por cada una de las tres provincias litorales, cuya denominación será «Comisión representativa de los Gobiernos, de las provincias litorales de la República Argentina», cuyos diputados podrán ser removidos al arbitrio de sus respectivos Gobiernos, cuando lo juzguen conveniente, nombrando otros inmediatamente en su lugar.

16. Las atribuciones de esta comisión serán:
Primera: Celebrar tratados de paz a nombre de las expresadas tres provincias, conforme a las instrucciones que cada uno de los diputados tenga de su respectivo Gobierno y con la calidad de someter dichos tratados a la ratificación de cada una de las tres provincias.
Segunda: Hacer declaración de guerra contra cualquier otro poder a nombre de las tres provincias litorales, toda vez que éstas estén acordes en que se haga tal declaración.
Tercera: Ordenar se levante el ejército en caso de guerra ofensiva y defensiva y nombrar el general que deba mandarlo.
Cuarta: Determinar el contingente de tropas con que cada una de las provincias aliadas deba contribuir conforme al tenor del artículo 13.
Quinta: Invitar a todas las demás provincias de la República, cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en federación con las litorales y a que por medio de un Congreso general federativo se arregle la administración general del país bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y distribución de las rentas generales, y el pago de la deuda de la República, consultando del mejor modo posible la seguridad, y engrandecimiento general de la República, su crédito interior y exterior, y la soberanía, libertad e independencia de cada una de las provincias.

17. El presente tratado deberá ser ratificado a los tres días por el Gobierno de Santa Fe, a los seis días por el de Entre Ríos y a los treinta, por el Gobierno de Buenos Aires.
Dado en la ciudad de Santa Fe, a cuatro del mes de enero del año de Nuestro Señor mil ochocientos treinta y uno.Domingo Cullen; José María Roxas y Patrón y Antonio Crespo

ARTICULO ADICIONAL Siendo de la mayor urgencia la conclusión del presente tratado y no habiendo concurrido la provincia de Corrientes a su celebración por haber renunciado el señor general D. Pedro Ferré la comisión que le confirió al efecto, y teniendo muy fundados y poderosos motivos para creer que accederá a el en los mismos terminas en que está concebido, se le invitará por los tres comisionados que subscriben a que adhiriendo a él, lo acepte y ratifique en todas y cada una de sus partes del mismo modo que si hubiese sido celebrado conforme a instrucciones suyas con su respectivo comisionado. Dado en la ciudad de Santa Fe a cuatro a cuatro del mes de enero del año de nuestro señor mil ochocientos treinta y uno. Domingo Cullen; José María Roxas y Patrón y Antonio Crespo

[RATIFICACIONES DEL GOBIERNO DE SANTA FE]
Nos el Gobernador y Capitán General de la Provincia de Santa Fe habiendo obtenido la competente autorización de la Representación de la Provincia, aceptamos, aprobamos, y ratificamos el presente tratado de alianza ofensiva y defensiva, y nos obligamos a cumplir y hacer cumplir todos y cada uno de los artículos estipulados en él; a cuyo efecto lo firmamos con nuestra mano, Sellado con el Escudo de Armas de la Provincia, y refrendado por nuestro Secretario, en Santa Fe a los seis días del mes de Enero del año de Ntro. Señor de mil ochocientos treinta y uno.
Estanislao López; Pedro de Larrechea: Siendo notorio a todos los gobiernos de la liga que los de Santa Fe y Entre Ríos no pueden por ahora en manera alguna hacer frente a los gastos de la guerra toda vez que ella se haga necesaria, ambos gobiernos quedan obligados a contribuir con sus respectivos contingentes, según lo establecido en el artículo trece del tratado público celebrado en esta ciudad de Santa Fe, y en este día entre las tres provincias litorales, Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos; y el gobierno de Buenos Aires se obliga a proporcionarles cuantos recursos pecuniarios le sean posibles según sus atenciones y circunstancias, para fomentar el apresto y equipo de la fuerza con que cada uno de ellos deba contribuir conforme a la designación del contingente que previamente haya hecho la comisión representativa de los tres gobiernos litorales. Dado en la ciudad de Santa Fe a cuatro del mes de enero del año de nuestro señor mil ochocientos treinta y uno.Domingo Cullen; José María Roxas y Patrón; Antonio Crespo. Santa Fe y Enero 6 de 1831. Aprobado. –Estanislao López; Pedro de Larrechea.

[RATIFICACIÓN DEL GOBIERNO DE ENTRE RÍOS]
Paraná Enero 10 de 1831. En virtud de la honorable resolución de 9 del Corriente, y de las facultades que en ellas se confieren al Gobierno, ratificase en todas sus partes el presente tratado celebrado por los Comisionados de las Provincias litorales.Pedro Barrenechea; Calisto de Vera, Secretario. Paraná, Enero 10 de 1831Ratificase del mismo modo que lo principal del presente tratado, el artículo adicionad reservado, como parte integrante de él. Pedro Barrenechea; Calisto de Vera, Secretario.

[RATIFICACIÓN DEL GOBIERNO DE BUENOS AIRES]
Nos, el Gobernador y Capitán General delegado de la Provincia de Buenos Aires, en virtud de especial autorización de la Honorable Sala de Representantes, por decreto de veinte y nueve de Enero del presente año, aprobamos, aceptamos y ratificamos el presente tratado, que fue celebrado en la ciudad de Santa Fe a cuatro días del mismo mes y año, en diez y ocho artículos; y nos comprometemos solemnemente a guardar, cumplir y ejecutar cuanto se halla estipulado en todos y cada uno de ellos: a cuyo efecto damos el presente instrumento de ratificación firmado con nuestra mano, sellado con el seno del Gobierno de la Provincia, y refrendado por el Ministro Secretario en el departamento de Relaciones Exteriores, en Buenos Aires, a primero del mes de Febrero del año del Señor de mil ochocientos treinta y uno.(L. S.)
Juan Ramón Balcarce. Tomas M. de Anchorena.

[CANJE DE LAS RATIFICACIONES DEL PACTO]
Los infrascriptos comisionados de los Excmos. Gobiernos de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, autorizados competentemente para efectuar el canje de las ratificaciones del anterior tratado, lo canjeamos en la forma de estilo: y para que así conste firmamos el presente en Santa Fe a quince de febrero del 1831.José María Roxas y Patrón; Antonio Crespo; Domingo Cullen".

Comentario de Julio Irazusta: 

Imposible examinar in extenso el tratado de enero. Baste señalar sus rasgos esenciales. Las provincias litorales declararon dar vigor y fuerza a todos los convenios anteriores entre ellas, "en la parte que estipulan paz firme, amistad y unión estrecha y permanente reconociendo su libertad, independencia, representación y derechos". Los comentaristas de tradición unitaria, siempre hicieron hincapié en la parte final de esa frase. Pero es evidente que en toda enumeración trascendente, como en el decálogo, la declaración inicial rige las subsiguientes; y que lo más importante en la reiteración de anteriores estipulaciones interprovinciales, está en la voluntad de "unión estrecha y permanente". Lo corroboran todos los otros compromisos. Como el de acudir a la defensa de todo el territorio nacional, y no sólo el de las provincias contratantes, en caso de agresión. Y el de no oír ni hacer proposición, ni celebrar tratado alguno, una provincia con otra ni con ningún otro gobierno, sin previo avenimiento expreso de todas las federadas. Avenimiento tanto más imposible de alcanzar, cuanto más se extendiera la federación cuyo núcleo se fundaba, y cuyo desarrollo se preveía. Lo que volvía prácticamente indisoluble el vínculo nacional, y anulaba el derecho de secesión cuyo ejercicio esporádico por las provincias, desde 1820, amenazaba la unidad del país.


Fuente: 

Irazusta, Julio, Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia, Buenos Aires, Jorge Enrique Llopis, 1975, t. I, pp. 328-329.  
Ravignani, Emilio, Asambleas Constituyentes Argentinas, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Buenos Aires, 1939, t VI, 2º parte, pp. 207 y ss.

lunes, 22 de diciembre de 2025

EL DOCTOR ALBERTO GELLY CANTILO RECIBE LA ORDEN DEL BUZÓN

 











El pasado miércoles 17 de diciembre a las 19 hs. en Taconeando el doctor Alberto Gelly Cantilo recibió la Orden del Buzón. En el evento participaron personalidades del mundo cultural y artístico, como el profesor Miguel Ángel Lentino quien recibió esta distinción el año pasado y el doctor Diego Barovero. Junto al doctor Gelly Cantilo recibieron esta distinción creada hace 26 años por el Museo Manoblanca: Héctor Roldán, Sandra Pisani, Ivanna Rossi y Luis Borjas. 

JUAN MANUEL DE ROSAS, LOS INDIOS Y LA VACUNA ANTIVARIÓLICA (POR JORGE OSCAR SULÉ)

  PROEMIO El trabajo que presentamos uno aborda de los aspectos puntuales de la política de integración con el mundo indígena desarrollado p...